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27 de julio de 2022 Visto 80 veces

CĂĄncer de cabeza y cuello: CĂłmo prevenirlo y cuĂĄndo consultar con un otorrinolaringĂłlogo

Dr. Felipe Cardemil, PhD, FACS
Hospital del Salvador
Profesor Asociado Departamentos de Otorrinolaringología y Oncología Básico Clínica, Facultad de Medicina, Universidad de Chile

El cáncer de cabeza y cuello es un término que agrupa a una diversidad de condiciones oncológicas dentro de las que se encuentran el cáncer de tiroides, el cáncer de piel de cabeza y cuello, el cáncer mucoso de cabeza y cuello, cáncer de glándulas salivales, y cáncer de senos paranasales y base de cráneo. Dentro de los cánceres mucosos de cabeza y cuello encontramos cáncer de cavidad oral (por ejemplo: lengua), cáncer de orofaringe (por ejemplo: amígdala), cáncer de hipofaringe, cáncer de laringe (por ejemplo: cuerdas vocales), y cáncer de nasofaringe.

Debido a la gran diversidad de cánceres que se encuentran incluidos en el mismo concepto, los factores de riesgo y el tipo de paciente que podrían ser más susceptibles de presentar alguno de estos diagnósticos varía mucho entre sí. Por este motivo, para los fines de esta nota nos centraremos en cánceres mucosos, cánceres de glándulas salivales, y cánceres de fosas nasales y senos paranasales.

Tradicionalmente el “cáncer de cabeza y cuello” se presentaba con mayor frecuencia en pacientes de sexo masculino, mayores de 60 años de edad, y con una historia de consumo de cigarrillos, tabaco o cigarros, además de alcohol de manera frecuente. Ese patrón de factores de riesgo se evidencia con claridad como causa de cáncer de laringe, cáncer de cavidad oral, y cáncer de hipofaringe, entre otros. Sin embargo, desde hace unos 20 años se ha venido dilucidando el rol del virus papiloma humano como causa de cáncer mucoso orofaríngeo, lo que ha creado un cambio en el patrón epidemiológico de esta enfermedad, ya que el cáncer orofaríngeo (amígdalas) asociado a virus papiloma humano se presenta en pacientes muchos más jóvenes (desde los 40 años de edad), sin antecedentes de consumo de tabaco o alcohol, y en una proporción más pareja entre hombres y mujeres. Además de eso, la presentación clínica también difiere, en el sentido que se presenta con adenopatías (ganglios linfáticos inflamados) de mayor tamaño y muchas veces bilaterales en el contexto de un cáncer primario más pequeño, lo que dista de la manera de presentación de la variante más clásica de cáncer orofaríngeo no asociado a virus papiloma humano, donde se ven lesiones primarias más grandes e invasivas y adenopatías regionales más pequeñas al diagnóstico.

Como se ha mencionado, los factores de riesgo que aumentan la posibilidad de padecer un cáncer de cabeza y cuello son el consumo de tabaco en cualquier forma y el consumo de alcohol. En relación a esto, la posibilidad de presentar un cáncer aumenta de manera directamente proporcional con la cantidad y el número de años de consumo. La higiene dental es también un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de cavidad oral. Cada vez la infección por virus papiloma humano se convierte en un agente causal más relevante en cáncer orofaríngeo, existiendo reportes que demuestran que en países en vías de desarrollo aún persiste un patrón epidemiológico más clásico con una baja proporción de cáncer orofaríngeo asociado de virus papiloma humano, pero que en países desarrollados la incidencia de cáncer orofaríngeo asociado a virus papiloma humano se ha disparado significativamente, a expensas de una mayor etiología viral en este tipo de cáncer de hasta un 80%-90%. Por este motivo en algunos países se habla de una “epidemia de cáncer orofaríngeo asociado a virus papiloma humano”. Otros factores de riesgo incluyen el consumo de algunas sustancias naturales como la hoja o la nuez de Betel en Asia, la exposición a solventes orgánicos o a polvo de madera inhalado, la presencia de exposición previa a radioterapia en cabeza y cuello (por algún diagnóstico oncológico previo), o la presencia de tumores benignos con potencial de transformarse en cáncer que no recibieron tratamiento a tiempo, entre otros.

La prevención del cáncer comienza con medidas de salud pública y poblacionales, como políticas más estrictas para disminuir el consumo de tabaco y no favorecer el consumo de alcohol en edades tempranas de la vida, así como no normalizar el consumo de este. Después viene el programa de vacunación contra virus papiloma humano que incluye a niñas y niños de cuarto y quinto básico. Secundariamente son importantes las medidas individuales de autocuidado, que incluyen disminuir o evitar el consumo de alcohol y tabaco, mantener relaciones sexuales con protección y estar conscientes de los riesgos de practicar sexo oral (debido a que el virus papiloma humano se contagia en la orofaringe mayoritariamente por sexo oral), no consumir betel, protección adecuada en caso de trabajar en ambientes cerrados expuesto a solventes volátiles o a polvo de madera o aserrín, y recibir tratamiento adecuado y oportuno para lesiones benignas con potencial de transformación maligna o para lesiones pre malignas. Más transversalmente existen medidas que disminuyen la aparición de cáncer dentro de las que se encuentran llevar una vida sana, alimentación balanceada, evitar conductas sedentarias, y realizar actividad física y deporte con regularidad, además de acudir a su médico de cabecera para controles y chequeos periódicos.

Los síntomas de un cáncer de cabeza y cuello van a depender de la localización y de la estructura anatómica afectada. En ese sentido la presencia de una úlcera, herida o erosión a nivel de la lengua, mejilla, paladar o amígdala, a veces asociado a dolor y a mal olor o halitosis, que persista por más de 7 días, son situaciones que debieran llevarnos a consultar con nuestro otorrinolaringólogo a la brevedad. Además, la presencia de disfonía (voz ronca) que vaya empeorando progresivamente, a veces asociado a dificultad para tragar o a dificultad para respirar, son síntomas que hacen mandatoria una evaluación otorrinolaringológica cuanto antes. En relación al cuello, la presencia de masas o aumentos de volumen que tengan un crecimiento progresivo, generalmente no muy doloroso, firmes o duras, y con poca movilidad al moverlos con la mano, en la parte lateral del cuello, así como en la parte central o línea media, y en las áreas bajo la línea de la mandíbula o en el ángulo de la mandíbula, así como la aparición de una debilidad en los movimientos de la cara o parálisis facial, son síntomas que obligan a consultar con un otorrinolaringólogo de manera rápida. Por último, la presencia de una masa en la entrada de la nariz, o la aparición de una obstrucción nasal en una fosa nasal que puede estar asociado a sangrado nasal o dolor en esa zona, es una situación que nos debería llevar a consultar con nuestro médico otorrinolaringólogo de manera perentoria.

En el momento de la consulta su otorrinolaringólogo preguntará por todos estos antecedentes y realizará un examen físico completo en nariz, boca/garganta, cuello y oídos. Solicitará exámenes complementarios que pueden incluir una nasofaringolaringofibroscopía y exámenes de imágenes como scanner, ecografía o resonancia magnética. Por último, en caso de una sospecha alta coordinará la toma de una biopsia del tejido sospechoso. Todos estos estudios tienen por objetivo un correcto diagnóstico y etapificación en caso de ser un cáncer, de manera tal de informar al paciente y discutir el caso en un comité oncológico para sugerir al paciente los pasos a seguir basados en la mejor evidencia científica disponible que tengan por objetivo facilitar un tratamiento que se asocie a una mayor posibilidad de recuperarse del cáncer.

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